jueves, 30 de septiembre de 2010

Trozos de Nada, Entre visillos, y Los hijos muertos

Trozo de Nada por Carmen Laforet
(New York, Oxford University Press, 1958), pág. 105

1 Pons observaba continuamente el efecto que me producían sus amigos y
2 buscaba mis ojos para sonreírme.  Hice café y lo tomamos en tazas de
3 diferentes tamaños y formas, pero todas de porcelana fina y antigua, que
4 Guíxols guardaba en una vitrina.  Pons me informó que Guíxols las adquiría
5 en los Encantes.
6 Yo observaba los cuadros de Guíxols: marinas sobre todo.  Me interesó un
7 dibujo de la cabeza de Pons.  Al parecer, Guíxols tenía suerte y vendía bien
8 sus cuadros, aunque aún no había hecho ninguna exposición.  Sin querer
9 comparé su pintura con la de Juan.  La de Guíxols era mejor,
10 indudablemente.  Al oír hablar de miles de pesetas, me pasó como un rayo
11 de crueldad la voz de Juan por mis orejas... "¿Crees tú que el desnudo que
12 he pintado a Gloria vale sólo diez duros?"

13 A mí aquel ambiente de "bohemia" me pareció muy confortable.  El único
14 mal vestido y con las orejas sucias era Pujol, que comía con gran apetito
15 y gran silencio.  A pesar de esto, me enteré de que era rico.  Guíxols
16 mismo, era hijo de un fabricante riquísimo.  Iturdiaga y Pons pertenecían
17 también a familias conocidas en la industria catalana.  Pons además era
18 hijo único, y muy mimado, según me enteré mientras él enrojecía hasta
19 las orejas.

***
Trozo de Entre visillos por Carmen Martín Gaite
(Barcelona, Destino, 2003), págs. 78-79

1 Luego me preguntó si tenía novia y le dije que no.

2 —Me alegro.  No me gusta alternar con los chicos de novia.  Casado ya
3 no me importa.  De eso no te pregunto.

4 Durante la cena bebió sin cesar.  me contó que era la animadora del Casino;
5 que ya hacía años que tenía ese oficio y me explicó cómo era el traje de
6 lentejuelas con el que había debutado en un café de Cáceres, que todavía lo
7 guardaba porque le estaba muy bien.  Se llamaba Rosa, pero en los carteles
8 le ponían Rosemary.  Me preguntó cómo me llamaba yo.  Era de un pueblo
9 de Madrid.  Me habló mucho rato del río de su pueblo, un río hermosísimo,
10 y de los baños que se daban en el verano sus hermanos y ella.  Cuando
11 terminamos de cenar, se quedó en silencio con la cara apoyada en las palmas
12 de las manos  A mi espaldas estaba el balcón abierto.  Era una noche muy
13 clara; se veía enfrente el caserón grande que estaba en la esquina de la curva
14 que bajaba hacia el río, con sus rejas cruzadas en las ventanas.  Tenía curiosidad
15 por aquel edificio y le pregunté a ella que si era la cárcel.

16 —Que va.  La cárcel no.  me parece que es el manicomio.  Ya ves, yo vine
17 aquí porque necesito ahorrar y me dijeron que era barato, ¿verdad?; pues
18 luego me alegré cuando supe lo del manicomio.  Siempre es mejor tenerlo
19 cerca, ¿no te parece?, por si acaso, que de tanto ir de acá para allá y unos
20 y otros, no tendría de particular, pero nada, que un día…  Oye, yo he bebido
21 mucho —dijo sin transición—.  Estoy mareada. 


***
Trozo de Los hijos muertos por Ana María Matute
(Barcelona, Plaza y Janés, 1999), págs. 203-204

1 Allí, agujereando la tierra, como gusanos absurdos, entre la diarrea, 
2 los heridos mal curados, los garbanzos, sin pan, comiendo uvas a mordiscos,
3 llenándose la boca de uvas que dejaban en las comisuras de los labios un
4 ácido y pegajoso reseco, entre el hedor, la colitis pertinaz, allí, bombardeo,
5 bombardeo, bombardeo.  Y él lo vio, era cierto: cambiaba la configuración
6 de la montaña.  Una mañana, al rodear un montículo, hallaron una paz
7 extraña. El aire fresco, un rumor de torrente cercano, sol y paz, una gran
8 paz, angustiosa paz casi.  Un resto de avión.  Se acercó con otros: no había
9 más remedio que mirar.  Dentro había un cráneo, como una copa, por donde
10 resbalaba la masa informe, gelatinosa, medio derretida al sol de la mañana.
11 Bombardeos, bombardeos.  El río llevaba muertos, el río estaba lleno de
12 muertos, como troncos a la deriva, extraños troncos blancos y oscuros, en la
13 mañana o en la noche espectral.  Y aquel tremendo, terrible, espantoso
14 hedor dulzón y ancho.  Todo, los garbanzos, las uvas, sabían a aquel hedor;
15 todo, las manos, la ropa, el agua, sabían a aquel hedor dulzón.  El aire, la
16 hojarasca, las matas, todo, siempre empapado de aquel hedor.  Las
17 náuseas, los vómitos, dentro de aquel hedor dulzón y ancho, terrible hedor
18 de incienso humano, empalagoso olor a muerto, un olor de hartazgo
19 supremo, de hartazgo de muerto, y se mezclaba de pronto a un olor
20 montaraz, breve, súbito y violento, olor de tierra y de hojas, para mezclarse
21 de nuevo y sentir el enorme vómito de la muerte.  La concienzuda labor de
22 aplastar los piojos.  Los piojos se refugiaban con preferencia en los 
23 sobacos de la camisa, el ruidito de los piojos aplastados entre las uñas era
24 un ruidito menudo y agradable, sí, realmente agradable, ruidito menudo,
25 como un chasquido diminuto.  Se imaginaban bien la caparazón estallando
26 entre las uñas.  La sarna.  La sarna buscaba las hendiduras del cuerpo,
27 como ellos las hendiduras de la tierra.  Ellos eran la sarna de la tierra.

Creo que éste sería un buen trozo por comentar porque es una descripción tan vívida de la realidad de una batalla horrible.  Me gusta cómo el narrador describe las montañas y los piojos, la comida, un acontecimiento específico: una variedad de experiencias mezcladas sin tener comienzo ni fin propios.  También me interesa el lenguaje del trozo, con unas oraciones largas, otras cortitas que realmente ni son oraciones, y un montón de palabras repetidas.

4 comentarios:

  1. Katharine, sobre Los hijos muertos...un trozo poderoso que evoca las reacciones viscerales. Todo el libro está lleno de descripciones emotivas. Matute escoge cada palabra para que tenga la más fuerza en los sentidos del lector. Me gusta el trozo que seleccionaste.--D2

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  2. :) Sus trozos realmente son muy impactantes.

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  3. El trozo de Los hijos muertos es muy fuerte en la lengua y la descripción…me lo gusta.

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  4. En mi opinión has selecionado trozos muy interesantes por comentar. En particular creo que el trozo de Los hijos muertos es lo más impactante. Aunque contiene imagines fuertes, brutales, inquietantes, fue la realidad de unos personajes de la novela. Será interesante discutir tus trozos en clase. ¡Bien hecho!

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